¿Quienes Somos?

Reseña histórica de la Congregación

Las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor fuimos fundadas en 1850 por el beato José Tous y Soler, en la villa gerundense de Ripoll.


José Tous y Soler fue un humilde capuchino que nació en Igualada (Barcelona) el 31 de marzo de 1811, murió en Barcelona en 1871 y fue beatificado el 25 de abril de 2010 en la Basílica de Santa María del Mar de esta misma ciudad.


Atento a las inspiraciones divinas, por su íntima unión con Jesús, respondió a los retos de su tiempo siendo fiel a Dios y a los hombres. Desafió con una fe intrépida las adversidades del momento: las persecuciones, la cárcel, el destierro,las consecuencias devastadoras de la guerra... Por ello, movido por el deseo de buscar la voluntad de Dios y llevarla a cabo, experimentó en su vida esa “fe y confianza en Dios” que llega a ser su lema vital en la gozosa entrega al Señor, alimentada por la oración constante, la contemplación de Cristo Crucificado, el amor a la Eucaristía y a la Madre de Dios, bajo la advocación de Divina Pastora, convirtiéndose así en un incansable apóstol de la fe y de exquisita caridad en medio de la cotidianidad.
En el año 1850, después de mucho discernimiento, fundó el instituto de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, título que no fue escogido al azar, sino que expresa una vivencia de profundo amor a la Virgen, y de caridad y dedicación total a los niños, sujeto preferencial de la actividad apostólica que las religiosas llevarían a cabo, respondiendo a la gran necesidad de educación cristiana que tenían la infancia y la juventud de aquel entonces. Hoy, como ayer, los niños y jóvenes necesitan tener acceso a la educación cristiana para poder llegar a ser hombres y mujeres constructores de paz y bien, mediante el esfuerzo honrado del trabajo, y de fe viva, en medio de un mundo que les ofrece muchas alternativas para afrontar su futuro, las cuales pueden generar confusión e inestabilidad, si no se cuenta con el acompañamiento necesario para tomar decisiones de manera libre y consciente.

Biografía de los fundadores

               Beato José Tous

Beato José Tous y Soler. Fundador de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor y Obras Apostólicas: Colegios Madre del Divino Pastor  y Misión

 

El Beato José Tous y Soler nació y vivió, la mayor parte de su existencia, en España en el siglo XIX. Fue un siglo caracterizado por la elevada inestabilidad política, social y económica, que vio la supresión de las Órdenes religiosas y a veces una verdadera y propia persecución de la Iglesia, con homicidios, con prisión y expulsión de los religiosos de sus propios conventos y, para muchos, la experiencia del exilio forzado. En los años más dramáticos se asistió a tumultos y violentos conflictos, que llevaron a la destrucción de iglesias. Para España el siglo se abrió con la invasión por parte de Francia y se cerró con las guerras de ultramar y la pérdida de las últimas colonias del imperio.

En esta intrincada situación socio-política y en un ambiente fuertemente anticlerical, la Iglesia española se caracterizó, en todo el arco del siglo XIX, por un florecimiento de fuertes personalidades, que supieron afrontar, con la audacia de la fe y el trabajo constante en el ámbito de la educación y de la caridad, los desafíos provenientes del cambio cultural y social, particularmente advertido en Cataluña, donde vivió nuestro Beato.

 

José Tous y Soler, nació en Igualada, provincia de Barcelona y diócesis de Vic, el 31 de marzo de 1811 de una familia anclada en profundas raíces cristianas, el noveno de los doce hijos de Nicolás Tous Carrera y Francisca Soler Ferrer. Al día siguiente fue bautizado en la iglesia parroquial de Santa María de Igualada con el nombre de José Nicolás Jaime. En 1817, según la costumbre de su tiempo, fue Confirmado y en 1818 recibió la Primera Comunión.

 

El papel de la familia en la vida y en la formación del pequeño José resultó fundamental. Ella fue el lugar donde recibió las primeras semillas de la fe, del amor y del temor de Dios, que en el tiempo produjeron en él frutos de auténtica santidad.

En 1820, la familia de José se trasladó a Barcelona en búsqueda de una mejor situación laboral. Fue aquí donde el futuro Beato tuvo la oportunidad de conocer a los capuchinos y pidió ser admitido entre ellos. Así, el 18 de febrero de 1827, a la edad de 16 años, vistió el hábito capuchino en el noviciado de Sarriá, convento conocido como “el desierto”. Desde los años de su formación se reveló como un religioso de gran virtud. Los testimonios de los hermanos hablan de su ejemplaridad en el recogimiento, de su sólida piedad, de su profunda obediencia, de la humildad, de la pureza y de la plena fidelidad al carisma franciscano capuchino.

 

El 19 de febrero de 1828 Fr. José emite los votos religiosos y en los siguientes años estudió filosofía y teología en los conventos de Calella de la Costa, de Gerona, y de Valls. El 1 de junio de 1833 recibe en Tarragona el diaconado y el 24 de mayo de 1834 fue ordenado sacerdote por Mons. Pedro Martínez de San Martín. Poco después fue enviado al convento de S. Madrona en Barcelona, donde se distinguió por su fidelidad al ministerio sacerdotal y por una profunda vida interior, alimentada por una íntima relación con Jesús crucificado, con Jesús Eucaristía y con María, la Madre del Buen Pastor, devociones que marcaron profundamente su vida.

 

En el convento de S. Madrona lo sorprende la revuelta social de 1835. Así, en junio del mismo año, a causa de la supresión de los conventos decretada por el gobierno, fue encarcelado con sus hermanos en la fortaleza de Montjuic en Barcelona.

 

Liberado luego de 18 días, inició el duro camino del exilio, que lo llevó en primer lugar a Francia y luego al norte de Italia. En 1836 retornó a Francia, residiendo en Grenoble, Marsella y en la diócesis de Toulouse. Aquí completó los estudios de moral, consiguiendo el título de predicador, según las normas establecidas en aquel tiempo en la Orden de los Frailes Menores Capuchinos. En este período ejercitó el ministerio sacerdotal como capellán de las monjas benedictinas de la Adoración perpetua. Fr. José, aún siendo obligado a residir fuera del convento y empeñado en una intensa actividad pastoral, fue siempre un auténtico fraile capuchino, viviendo como pobre, cultivando la humildad, el amor por el silencio, la vida de oración y dedicándose a las necesidades materiales y espirituales de cuantos encontraba. Dos testigos de excepción se refieren a su apostolado y a su vida de piedad en los años de exilio en Francia. El obispo de Toulouse, mons. Paul D’Artrós, en un testimonio del 28 de agosto de 1842, escribía: “Atestiguamos y certificamos que nuestro dilecto en Cristo, José Tous, presbítero español, residente en nuestra ciudad metropolitana desde hace cerca de seis años, por la pureza de fe, la integridad de costumbres y la excelencia de las virtudes eclesiásticas, como mejor se pueda, sea acogido benignamente en todo lugar y admitido a la celebración de la Santa Misa, salvo el permiso del Superior competente (Positio, vol. II. P. 180).

 

Igualmente las religiosas benedictinas, de las cuales fue capellán, atestiguan con fi rmeza en su libro de Crónicas su vida de devoción, la piedad y el amor a la pobreza. “Lleva con él, escriben, nuestro afecto”.

 

En 1843 volvió a España con la esperanza de poder integrarse en la vida conventual capuchina, pero las leyes ‘liberales’ del tiempo se lo impidieron.

Entonces fue a residir con una familia, siendo siempre fi el al estilo austero y penitente de la vida capuchina. Desarrolló el ministerio sacerdotal en la parroquia de Esparraguera (Barcelona) en calidad de coadjutor y, desde 1848, en la parroquia de San Francisco de Paula en Barcelona. Se mostró siempre contento de vivir su consagración a Dios, incluso cuando tuvo que afrontar tribulaciones, angustias e incluso también injurias a su persona de sacerdote y religioso. Fue en la parroquia de San Francisco de Paula que nuestro Beato comprendió cuanto la infancia y la juventud de su tiempo estuvieran en un estado de abandono tanto espiritual como material, estando “como ovejas sin Pastor” (Mt 9,36). Asumió así el trabajo de director espiritual de la “Pía Asociación de la gloriosa y pequeña mártir santa Romana”, promoviendo la veneración de la Madre del Buen Pastor.

 

Solicitado por el deseo de algunas jóvenes de la Asociación, que querían comprometerse en el servicio de la educación cristiana de las niñas y las jóvenes, en marzo de 1850 fundó el Instituto fue siempre un auténtico fraile capuchino, viviendo como pobre, cultivando la humildad, el amor por el silencio, la vida de oración y dedicándose a las necesidades materiales y espirituales de cuantos encontraba.

 

Solicitado por el deseo de algunas jóvenes de la Asociación, que querían comprometerse en el servicio de la educación cristiana de las niñas y las jóvenes, en marzo de 1850 fundó el Instituto de las Hermanas Capuchinas de la Madre de Dios del Divino Pastor. El 27 de mayo de 1850 fue inaugurada la primera casa del nuevo Instituto en Ripoll (Gerona) y en 1858 fue abierta en Capellades (Barcelona) la que se transformará en la Casa Madre del nuevo Instituto. Seguidamente se abrieron las casas de San Quirico de Besora (Barcelona, 1860), Barcelona (1862) y Ciempozuelos (Madrid, 1865). Fr. José redactó personalmente las Constituciones del Instituto fundado por él y las presentó al Obispo de Vic Mons. Luciano Casadevall. En ellas aparecen bien claras los dos ejes que deberían sostener a la nueva familia religiosa: la devoción a María, Madre del Divino Pastor y el servicio en la educación de la infancia y la juventud.

 

Tomado de la Carta Circular de Fr. Mauro Jöhri. Ministro general OFMCap, en ocasión de la Beatificación del Padre José Tous y Solor. (2010)

 

 

             Madre Remedio

María del Remedio Palos y Casanova, CMDP.  

 

Fundadora de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor

 

María del Remedio Palos y Casanova nace en Valencia, en el seno de una familia humilde y cristiana, el 8 de octubre de 1825. Hija de Antonio y de Vicenta, fue bautizada el mismo día de su nacimiento en la parroquial de San Esteban. Sus padres, con el anhelo de mejorar la economía familiar, se trasladan a Barcelona cuando Remedio contaba tan solo con 5 años de edad. En 1834 muere su sufrida y virtuosa madre, quedando las hijas en el mayor desamparo, socorridas por el vecindario que ayudan a su padre. Debido a las penurias económicas por las que atraviesan, las tres hermanas menores son acogidas por la Junta de la Casa de Misericordia.

 

María del Remedio era de carácter dócil, muy humilde y fervorosa. Sintió desde muy jovencita la llamada a consagrar su vida totalmente al Señor, ingresando el 24 de mayo de 1848 en el Monasterio de las Religiosas Recoletas en Madrid. El Señor, sin embargo, la quería en otro lugar, le tenía reservada otra misión y por ello regresó a Barcelona el 19 de mayo de 1849, guardando siempre en su vida un grato recuerdo de estas religiosas. Unos 23 o 24 años contaba cuando se dio a conocer al Siervo de Dios Padre José Tous, tal vez a través de la Pía Asociación de Santa Romana, en la Parroquia de San Francisco de Paula, que agrupaba a jóvenes piadosas, ansiosas de imitar las virtudes de la santa niña y mártir que el virtuoso P. Tous les exponía. 

 

Remedio Palos, ingresa en la Congregación que funda el P. Tous, el 27 de mayo de 1850 junto con Isabel Jubal y Marta Suñol. Vistió el hábito religioso y dio comienzo al noviciado el 6 de junio de 1850. Hizo la Primera profesión el 7 de junio de 1851. En un lapso de tiempo muy breve, ingresaron otras dos jóvenes en la naciente fundación: María Ana Mogas, que fue admitida el 13 de junio de 1850 y vistió el hábito el 24 del mismo mes, y María Gambús, admitida en septiembre de 1850.

La Madre Remedio va profundizando intensamente en el espíritu seráfico y carisma del fundador, es decir, en cuanto afecta al progreso y desarrollo interno del Instituto, y en lo que lo distingue de otros semejantes y da carácter al mismo, allí está siempre la Madre Remedio ocupando cargos quizá no brillantes, pero sí de extrema responsabilidad. Era tímida y dulce de carácter, se mantuvo siempre en la penumbra de la vida religiosa, prefería una labor oculta y callada, pero eficaz, cual era el cargo de Maestra de Novicias, desempeñado en Ripoll de 1852 a 1858; en Capellades de 1862 a 1864; y en Barcelona en 1871, cargo delicadísimo que en aquellos primeros años del Instituto significaba la supervivencia de la Orden y que el P. Tous le confió en atención de sus dotes de temperamento.

En su dirección y trato con las novicias se desbordó en la caridad, verdaderamente maternal y solícita en su ayuda integral y espiritual y supo infundir y transmitir el carisma de la naciente Congregación, llena de delicadezas, en muchas ocasiones heroicas. Desempeñó el cargo de Superiora en Ripoll de 1858 a1860 y en Sant Quirze de 1860 a 1862; y Consejera General en Barcelona de 1879 a 1902.

 

Muy grande su caridad con el prójimo, que fue en ella como el coronamiento de su profunda humildad, muy fina y servicial con las hermanas enfermas. Fue notoria su entrega total al trabajo que inculcaba a las novicias. No le faltaron las amarguras, incomprensiones y sufrimientos que supo en todo momento ofrecer al Señor. Durante sus cincuenta y siete años de vida religiosa fue la Madre Remedio la edificación constante de las Hermanas, además de por sus virtudes, por su exacta observancia y por su puntual asistencia a todos los actos de Comunidad, que llegó a hacerse proverbial en sus hijas. Fue Maestra de Novicias, Superiora local, Consejera General, y en todo momento se mostró sumisa a la voluntad de Dios y obediente a las Superioras, que habían sido novicias suyas.

 

Pudo superar, en sus últimos años, graves enfermedades. Falleció santamente y llena de virtudes en el Colegio de Barcelona a los 82 años de edad, el sábado 23 de noviembre de 1907.

 

La M. Remedio supo compaginar la espiritualidad de Santa Clara con el apostolado educativo. Fue el verdadero retrato que el Espíritu Santo hace de la mujer fuerte. Fue el corazón de Dios con todas las hermanas, siempre abierto a la misericordia y a sus necesidades desde el carisma seráfico. Modelo de entrega a Dios desde la sencillez, la humildad y abandono a su voluntad, dejando el aroma de sus muchas y grandes virtudes como Fundadora y Primera Hermana de las Terciarias capuchinas de la Madre del Divino Pastor.